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Mostrando entradas de mayo, 2022

El tren del mediodía o el tren de las tres y diez

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Kane se casa con Amy a las 10.35 de la mañana y el tren del mediodía llega a su hora, a las doce. Por eso ‘Solo ante el peligro’ dura exactamente 85 minu­tos, porque desecha el privilegio que ofrece el cine de dilatar o contraer el tiempo o de realizar saltos y manio­bras espaciotemporales. El director, Fred Zinnemann, cuenta la historia en tiempo real, por lo que el reloj funcio­na como verdadera amenaza, como símbolo de la tensa espera hasta el desenlace final. El minutero y el se­gundero pasan así a ser personajes principales de la obra. Todos los que aparecen en ella son conscientes de que el gran momento va a llegar y la historia va de saber en qué grado está dispuesto a implicarse cada uno con el lado bueno de la historia.   Solo ante el peligro Kane es el sheriff y nada más con­traer matrimonio le comunican que un peligroso bandido al que él metió entre rejas ha salido de prisión y se va a presentar en el pueblo en el tren de mediodía. No hace falta ser muy listo para sab...

Un final que no está a la altura

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Hay debate sobre si un mal final es­tropea una buena película. La que ha narrado la trayectoria del Racing esta temporada ha sido inmejorable, tan buena que era imposible que tu­viera una conclusión a la altura. El equipo avanzó por la categoría de manera tan aplastante que alcanzó su objetivo demasiado rápido y le sobró un mes de competición con el que no sabía ni qué hacer. No lo quería para nada pero había que ju­garlo. Así que montó en una balsa sin remos y, sencillamente, se dejó llevar por la corriente hasta alcanzar las vacaciones. Perdió más partidos en quince días que en siete meses enseñando una imagen poco reco­nocible y obligó así al espectador a salir de la sala haciendo esfuerzos por quedarse con sólo la primera hora y media de la película y olvidar los veinte minutos finales.   Inteligencia Artificial. Es lo que hubo que hacer con ‘In­teligencia Artificial’ , la película que Stanley Kubrick tuvo en su cabeza durante años para acabar regalan­do en 1995 a Steven Spi...

Que no se corrompa

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No es fácil despedirse de alguien como Pablo Torre, tener la certeza de que no vas a seguir disfrutando en primicia de todo su fútbol, que va a seguir evolucionando y maduran­do lejos y para beneficio de otros. El aficionado verdiblanco lo siente como un hijo y le ve marchar con la confianza al menos de que no cam­bie demasiado, siga siendo del Ra­cing y vuelva algún día sin haber roto el lazo que le une al club. Por eso cualquier racinguista podía haber tenido el pasado domingo con él la conversación que tiene Isaac, el per­sonaje al que da vida Woody Allen en ‘Manhattan’ , con Tracy, la joven con la que había mantenido una re­lación que a última hora quiere re­cuperar. Lo hace tarde, cuando ella está a punto de irse a Londres como Pablo Torre lo está de marcharse a Barcelona. Isaac y Tracy en Manhattan Tracy, que como la perla de Soto de la Marina tiene también 18 años, se va sólo seis meses pero Isaac, que en un principio fue quien más la ani­mó a emprender esa aventura, quie­re ev...

El vacío de después del éxito

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  Cuando uno ha encomendado buena parte de su vida a alcanzar un objetivo y finalmente lo consigue, lo normal es que después le invada un tremendo vacío que le obligue a replanteárse­lo todo. De pronto, necesita volver a encontrar un sentido a su existencia porque hasta ese momento todo ha­bía girado en torno a esa misión que, generalmente, él mismo se había au­toimpuesto. Lo cuenta bien el coreano Park Chan-wook en ‘Oldboy’ , consi­derada una de las mejores películas del presente siglo y de la que Spike Lee haría un remake años después. A lo largo de la historia se entrecruzan dos venganzas. La que motiva la del protagonista principal es obvia por­que un buen día es secuestrado sin que nadie sepa con qué fin y se pasa quince años metido en una habita­ción con la única compañía de una televisión. Cuando, también sin mo­tivo aparente, es liberado, se dedicará prácticamente en exclusiva a conocer por qué le habían robado todos esos años y, llegado el momento, a vengar­se ...

Volver de mejor manera

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Cuando al Terminator le prohibieron entrar en la comisaría donde descan­saba Sarah Connor, a quien quería matar antes de que diera a luz a su hijo John, que en el futuro lideraría la revuelta contra las máquinas, no le dejaron pasar. El burócrata que tenía ante él ni siquiera levantó la cabeza para mirarle, pero el androide no se inmutó. Sólo dijo una cosa: «Volve­ré». A continuación, salió del edificio y pocos segundos después cumplió su palabra al volante de un coche con el que derribó la entrada y se llevó por delante al vigilante. Una vez dentro, continuó con la que quizá sea la mejor escena de la película: fue avanzando por todos los pasillos cargándose al que se encontraba por ahí en busca de su presa. No quedó casi nadie. El Terminator, entrando en la comisaría . Ese ‘volveré’ que Arnold Schwar­zenegger se resistió a decir porque entendía que se le notaba demasia­do su acento alemán, pasó a la his­toria. Tanto es así, que incluso se ha...