Un final que no está a la altura

Hay debate sobre si un mal final es­tropea una buena película. La que ha narrado la trayectoria del Racing esta temporada ha sido inmejorable, tan buena que era imposible que tu­viera una conclusión a la altura. El equipo avanzó por la categoría de manera tan aplastante que alcanzó su objetivo demasiado rápido y le sobró un mes de competición con el que no sabía ni qué hacer. No lo quería para nada pero había que ju­garlo. Así que montó en una balsa sin remos y, sencillamente, se dejó llevar por la corriente hasta alcanzar las vacaciones. Perdió más partidos en quince días que en siete meses enseñando una imagen poco reco­nocible y obligó así al espectador a salir de la sala haciendo esfuerzos por quedarse con sólo la primera hora y media de la película y olvidar los veinte minutos finales.

 

Inteligencia Artificial.
Es lo que hubo que hacer con ‘In­teligencia Artificial’, la película que Stanley Kubrick tuvo en su cabeza durante años para acabar regalan­do en 1995 a Steven Spielberg, quien finalmente la estrenó en 2001. El director de ‘La naranja mecánica’ ni siquiera la pudo ver acabada por­que murió poco antes, por lo que nunca conoceremos su opinión fi­nal sobre una obra que se resistió a realizar él mismo porque entendía que no había niño alguno capaz de interpretar con credibilidad al an­droide David ni tecnología para su­plantarlo. Hasta que Spielberg vio ‘El sexto sentido’ y pensó: ahí está, ese es mi chaval.

La película está a la altura de los dos grandes nombres que, junto a una tropa de guionistas, enredaron en ella y está cerca de tener un final perfecto, pero lejos de acabar en el momento oportuno, decide conti­nuar otros veinte minutos más para dotarla de un final mediocre, cursi y de cuento de hadas. Al igual que Pinocho, ese joven robot se pasa la segunda mitad de la película bus­cando al Hada Azul para que le con­vierta en un niño de verdad. Y cree encontrarla en una vieja escultura de feria hundida bajo las ruinas ma­rinas de un Nueva York distópico. Cuando llega a ella, él empieza a verbalizar una y otra vez su deseo sin demasiada suerte. Pasa el tiem­po y en la superficie se produce una glaciación que deja a David conge­lado mientras no deja de pedir lo que, en definitiva, es imposible. Por mucho que se esfuerce y tenga fe, su sueño no se va a cumplir.

2-1 perdió el Racing en Lezama.

Si ahí hubiera acabado la película, cualquiera se habría levantado de su butaca a aplaudir por mucho que su cabeza comenza­ra a dar vueltas y toda la obra le de­jara tocado, pero continuó. Como hubo más jornadas después de aquel primero de mayo para el recuerdo en el que el Racing consiguió el as­censo. Si la temporada hubiera ter­minado en ese momento lo habría hecho por todo lo alto, pero aún quedaban cuatro jornadas y tres partidos por delante convertidos en atonía. Tanto es así, que el equi­po ha perdido en Tudela y en Leza­ma ofreciendo una imagen ausen­te y ganó en casa a última hora con un poco más de intención pero sin motor ni ganas. Sobró mayo como sobraron los últimos minutos de ‘In­teligencia Artificial’.

No es fácil terminar bien. Antes era más fácil hacerlo en lo más alto de la montaña rusa porque había que superar un playoff, pero ha­cerlo tras una temporada regular y con ventajas de dos dígitos sobre el segundo condena a una muerte plácida del curso que, lejos de dis­frutarse, se sufre y obliga a mirar el reloj constantemente para ver cuándo acaba de una vez todo y se empieza a hablar más de fichajes y proyectos futuros. Es la penitencia por haber disfrutado tanto durante meses. Como sucedió con los que vieron ‘Perdidos’. Lo pasaron tan bien durante años a base de abrir melones improbables que era com­plicado cerrarlos todos en una gran temporada final que diera sentido a todo.

La saga ‘Star wars’ lo podía haber conseguido si hubiera dado conti­nuidad a la labor de Rian Johnson en el episodio octavo, ‘Los últimos Jedi’. La película fue un exitoso in­tento de pasar página, la traslación a la pantalla de la certeza de que había que evolucionar y despren­derse de los mitos del pasado. Sin embargo, para la última película de la saga, ‘El ascenso de Skywalker’, volvió a coger el timón JJ Abrams, el autor del episodio siete. Y lo que hizo fue escribir un final opuesto al mensaje de la anterior película, al gusto de los más nostálgicos del pasado y atento a lo que los fans más acé­rrimos querían ver. Una chapuza que ni siquiera respetó las normas del juego.

El Racing tuvo en su mano poner la guinda perfecta a la temporada porque, tras empatar contra el Cel­ta B y lograr el único objetivo de la temporada, aún tenía en su mano mantenerse invicto en Los Campos de Sport, algo que ha logrado, y ba­tir el récord de 86 puntos en la ca­tegoría de bronce. Sin embargo, fi­nalmente se va a quedar con 82 una vez que el próximo fin de semana le regalen los tres que han regalado a todo el mundo tras abandonar la competición el Extremadura.

Esto último incluso va a hacer que el Racing, además de tener todos los deberes hechos y sobrevivir to­das estas semanas en una balsa a la deriva en busca de las vacaciones, tenga que pasarse quince días sin competir hasta que por fin dispute el partido de campeones contra el Andorra el tres de junio. Esto no ayuda a tener un final a la altura de toda la obra. Es lo que le vino a su­ceder a Scorsese en ‘Gangs of New York’. Él tenía pensada una película de prácticamente cinco horas pero los productores utilizaron la tijera a lo grande para dejarla en 166 minu­tos. Y eso hizo que los últimos cua­renta parezcan deslavazados, sin mucho sentido y sin estar apoyados sobre algo sólido y argumentado. Como si al espectador le faltara información. Como un fin de semana sin partido cuando muchos otros se estarán jugando la vida.

Soy leyenda.

Precisamente la vida entrega el personaje de Will Smith en ‘Soy Le­yenda’ para dar forma a otro final que pretende ser trágico y épico a la vez que optimista pero que ter­mina siendo ridículo. La segunda parte de la película ya estaba muy por debajo de la primera pero con ese final que alteró el de la novela original de Richard Matheson ya lo estropeó todo. En el libro, el prota­gonista se da cuenta de que él es la gran pesadilla de esos vampiros que han pasado a dominar todo el planeta, se convierte en el hombre del saco para ellos y asume que ese va a ser su destino. En la película, averigua que queda más gente viva y que incluso hay una colonia don­de poder empezar de cero, pero él juega a ser el mesías y entrega su vida sin que venga mucho a cuen­to para que el espectador salga de la sala un poco más optimista y su­puestamente emocionado por su ge­nerosidad. No fue así. En realidad, lo hizo con rubor.

El Racing tendrá la oportunidad de no caer en eso y resarcir su pro­pio final en ese partido de campeo­nes programado por la Federación. Ésta es la que más ha hecho por acabar con los grandes finales, con esos playoffs que conseguían levan­tar cualquier película mediocre. El que los abrirá será ese duelo entre el equipo cántabro y el Andorra en el que, por muchos aficionados cán­tabros que vayan, parecerá que no hay nadie en la grada. Será un quie­ro y no puedo, un partido que pa­recerá a puerta cerrada y que sólo se podrá interpretar como un final decente a la temporada en caso de levantar la copa. Si ni siquiera eso es capaz de hacer el conjunto cántabro, sus últimas cinco semanas estarán a la altura de los últimos veinte minu­tos de ‘Inteligencia artificial’.

 

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