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Mostrando entradas de abril, 2022

La gran juerga verdiblanca

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  En 1967 se puso fin al Código Hays, el listado que, en la tierra de las liberta­des, detallaba qué tramas, comporta­mientos o asuntos estaban prohibidos y qué cosas podía enseñar o no una película. Coincidió en el tiempo con el fin de una era, con el del dominio absoluto de los grandes estudios y su sistema de elaborar películas -muchas de ellas obras maestras- como si de una cadena de montaje se tratara. Se inició entonces una especie de desta­pe a la americana que fue por dos di­recciones. Por un lado, tras unos años de felicidad, barrio residencial y una amenaza que sólo procedía del exte­rior, se empezaron a parir películas que enseñaban las miserias del pro­pio sistema americano. El país había perdido la inocencia con el asesinato de Kennedy, la guerra de Vietnam, Nixon y el Watergate y apareció una generación de directores, muchos de ellos procedentes no ya de la misma industria, sino de la uni­versidad, que diseccionaron su propia sociedad y demostraron que no son tan guap...

Un equipo berlanguiano

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Berlanga conoció a Fred Zinnemann en Estados Unidos. Habían incluido ‘Plácido’ entre las candidatas a ga­nar el Oscar a la mejor película de habla no inglesa y, desde el mismo momento en que la vio, el director de ‘Solo ante el peligro’ se convirtió en un admirador del valenciano por­que no entendía cómo había podido hacer aquella maravilla con tan poco presupuesto y en sólo siete semanas de rodaje. Cayó rendido ante los pla­nos secuencia de cuatro, cinco o siete minutos que encadenaba la pelícu­la sin que nada pareciera artificial. Todo resultaba fluido, orgánico y na­tural. Él, que diez años atrás se había exprimido los sesos para planificar la llegada del tren que espera Gary Cooper con sólo cinco personajes en la acción, vio cómo en ‘Plácido’ lle­gaba otro tren con más de doscien­tas personas en plano. Debió sentir algo parecido a lo que sentía Salieri con Mozart. Se caracterizó Berlanga a partir de ‘Plácido’ por rodar sus películas a base de largos planos secue...

El peligro del enemigo interno

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Durante los años de la Guerra Fría, el enemigo venía del exterior. En alego­rías de dudosa sutilidad, los extrate­rrestres eran los peligrosos comunis­tas que venían a robarnos la libertad y nuestro estilo de vida. Eran tiem­pos de desconfianza y terror ante la amenaza atómica, de declarado mie­do al inminente fin del mundo que llegaría del cielo. Es así como se hizo grande un género que, mane­jándose con pequeños presupuestos y un estilo de serie B, se ganó el favor del público y consiguió llegar hasta nuestros días cargado de atractivos. Aquella etapa terminó con el avance de las políticas neoliberales que po­nían el acento en lo individual y la caída del Muro de Berlín, que, como profetizó de manera errónea Fuku­yama, traería el fin de la Historia. Ya no había enemigo exterior. Los ene­migos pasaron a ser interiores. Y la ciencia ficción cambió.   Fundamentalmente, la amenaza roja durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial podía llegar de dos formas. Una era ...