La gran juerga verdiblanca
En 1967 se puso fin al Código Hays, el listado que, en
la tierra de las libertades, detallaba qué tramas, comportamientos o asuntos
estaban prohibidos y qué cosas podía enseñar o no una película. Coincidió en el
tiempo con el fin de una era, con el del dominio absoluto de los grandes
estudios y su sistema de elaborar películas -muchas de ellas obras maestras-
como si de una cadena de montaje se tratara. Se inició entonces una especie de
destape a la americana que fue por dos direcciones. Por un lado, tras unos años
de felicidad, barrio residencial y una amenaza que sólo procedía del exterior,
se empezaron a parir películas que enseñaban las miserias del propio sistema
americano. El país había perdido la inocencia con el asesinato de Kennedy, la guerra de Vietnam, Nixon y
el Watergate y apareció una generación de directores, muchos de ellos
procedentes no ya de la misma industria, sino de la universidad, que
diseccionaron su propia sociedad y demostraron que no son tan guapos ni tan buenos
como les habían contado. Por otro lado, se creó un nuevo género menos crítico y
mucho más festivo y liberador que se llamó ‘gross - out’, que se podría
traducir sin problemas como cine guarro.
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| Desmadre a la Americana |
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| Porkys |
En el Racing han mantenido su propio Código Hays hasta
el fin de semana pasado. Daba pánico hablar de que el ascenso estaba encarrilado
y prácticamente hecho. El racinguista se ha llevado tantos golpes en la última
década que intuía que algo iba a suceder, que tanta felicidad no podía ser real
y que el equipo iba a entrar en barrena para acabar sufriendo otra vez. Del
mismo modo que en el cine americano de los cuarenta, cincuenta y sesenta nunca
se podía mostrar comprensión por el malo o el pecador, utilizar ciertas
palabras o mostrar «una lascividad excesiva», en el club verdiblanco y en su
entorno preferían hacer como si no pasara nada. Pura austeridad. El segundo
estaba a nueve puntos, pero sólo había que pensar en el siguiente partido. Fernández
Romo y sus hombres nunca se han salido del camino, se han tomado cada partido
como si fuera el último y el más difícil y quizá por eso hayan superado tan
pronto esa línea que ya permite empezar a bailar.
Ganar al Rayo Majadahonda acabó con la seriedad y el
miedo y se ha dado rienda suelta al propio destape verdiblanco. No salen tetas
de manera gratuita pero sí se habla de ascenso sin pudor alguno. Incluso se
debate sobre si es mejor o peor que gane el Deportivo el siguiente encuentro.
El éxito es un hecho y ahora lo que toca es preparar esa gran juerga que se
espera para el próximo domingo. Es posible que ese día el Racing ya haya ascendido
si el equipo coruñés no gana el sábado a la UD Logroñés pero, si no es así, a
los hombres de Fernández Romo les bastará con empatar ante el Celta B. La
juerga está preparada.
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| Supersalidos |
Entre el racinguismo también ha habido reprimidos, pero han superado la prueba, han conseguido el alcohol y están dispuestos a ser los reyes de la fiesta. Ésta está anunciada y tiene fecha y hora. Como la ceremonia de ‘La boda de Rachel’, la película que en 2008 firmó Jonathan Demme, el director de ‘El silencio de los corderos’, con Anne Hathaway como protagonista. Durante toda la cinta, da la sensación de que la gran celebración se va a arruinar y de que el gran día va a ser un fracaso. Es normal ser del Racing y esperar que todavía pueda pasar algo porque el racinguista ha sufrido mucho, pero aquella boda acabó saliendo perfecta. Incluso el racinguista más descreído puede recuperar su camiseta verdiblanca del fondo del cajón.
Será una semana de preparativos en Santander, similar a los días previos a la visita de los americanos en Villar del Río narrados en ‘Bienvenido Mr. Marshall’. Aquello también iba a ser una gran fiesta. Pusieron guirnaldas por la calle, contrataron a una folclórica y cada uno de los habitantes detalló qué quería pedir a los visitantes. El racinguista hace lo mismo. Ya sabe que su equipo estará en Segunda y para el próximo año uno pedirá un delantero bueno, otro la continuidad de Pablo Torre como cedido, otro que no se olvide a la cantera y el de más allá que por fin, tras tres intentos, a la cuarta sea la vencida y el Racing pueda al menos enlazar dos años consecutivos en el fútbol profesional. Llegará el momento de pensar en todo eso, pero será después de la gran juerga. Lo único que hay que esperar es que ese día los americanos no vuelvan a pasar de largo, como sucede en la película de Berlanga y como sucedería si gana el Deportivo y pierde el líder delante de toda su gente. El ascenso seguiría siendo una realidad no matemática, pero se desinflaría el globo. No debería ser así porque las ‘gross - out’, las películas guarras, suelen acabar por todo lo alto.



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