En el nombre de Juergen
Juergen terminó su trabajo con la satisfacción del deber cumplido, con la certeza de haber completado una notable actuación a pesar de haber perdonado un gol cantado. Antes de ser sustituido, realizó un último servicio y ganó unos segundos al cronómetro llevándose las manos al gemelo y echándose al suelo, pero el árbitro le conminó a que se retirara cuanto antes porque entendía que sólo quería perder el tiempo. Quizá ahí se produjo el primer choque entre ambos, ya que sólo unos segundos después, mientras el centrocampista colombiano iba camino del vestuario, el árbitro se acercó a donde estaba él y le expulsó. Tarjeta roja. El jugador no se lo podía creer. «No he hecho nada, no he hecho nada», le dijo a Delfín Calzada cuando se acercó al banquillo. «No he hecho nada, míster», le repitió a Fernández Romo. En el fondo, sabía que se había metido en un lío gratuito. Abrió la puerta de su casa y vio allí a un montón de policías con una orden de registro y detención. Ahí comenzó la historia, una historia como otras tantas de ‘falso culpable’.
Éstas son un género en sí mismo porque es una figura
que aparece con asiduidad en pantalla. Alfred Hitchcock echó mano de ella en
multitud de ocasiones como mera excusa, como macguffin, como lo llamaba él, para
iniciar un juego puramente cinematográfico y para construir múltiples escenas
cargadas de suspense. En este grupo se pueden incluir ‘Con la muerte en los
talones’, ‘Atrapa a un ladrón’, ‘Sabotage’, ‘39 escalones’
o ‘Inocencia y juventud’. Hay otra de título clarificador que, en el
fondo, anunciaba el estilo de la película. Se titula así, sencillamente ‘Falso
culpable’, por lo que es inútil preguntar de qué va. Es una auténtica
rareza en su filmografía, quizá la respuesta a quienes le acusaban de estar
siempre lejos de la realidad. Nunca tuvo reparos en reconocerlo porque él fabricaba
sueños e inventaba mundos propios. Esta película, en cambio, es tan realista
que por momentos parece un documental. Protagonizada por Henry Fonda, el
director expuso en ella la debilidad e indefensión del ser humano cuando se
enfrenta a un sistema policial y judicial implacable que, para colmo, tiene
las ideas muy claras.
Falso culpable
En esa misma vorágine se ha visto sumido Juergen, a quien enseñaron una cartulina roja que no tuvo consecuencias en el partido del domingo porque ya había sido sustituido pero que sí las tendrá en el futuro porque le dejará algunas jornadas sin jugar. La duda es saber cuántas. Cuando él se retiraba con la satisfacción del trabajo individual y colectivo bien hecho, cayó en un pozo del que le va a costar salir. Él dijo que estaba aplaudiendo a sus propios aficionados pero las pocas imágenes que hay lo ponen en cuestión. Apenas se le ve mirando hacia la esquina donde estaban los suyos, por lo que el árbitro pudo interpretar que fue una respuesta propia a los insultos que recibió cuando le acusaron de estar perdiendo tiempo.
En el acta, el trencilla habló de provocación porque,
además, el futbolista del Racing siguió aplaudiendo mientras cruzaba por detrás de la portería.
Fue entonces cuando vio la cartulina roja, cuando comenzó la respuesta, ya inútil,
de quien creía estar siendo acusado injustamente y lanzó su grito de ‘soy
inocente’. Para colmo, cuando se fue a retirar a vestuarios, también aplaudió
a la tribuna, lo que hizo que Delfín Calzada se echara sobre él para bajarle
los brazos sin poder evitar que se originara una tangana. El colegiado envió a
la Federación esta versión de los hechos acusando a Juergen de haber provocado
incluso ese enfrentamiento entre banquillos. Está metido en un problema.
Necesita un buen abogado.
Juergen, tras ser expulsado.
El jugador colombiano se considera un falso culpable como el doctor Richard Kimble de ‘El fugitivo’; como Andy Dufresne, el personaje de Tim Robbins en ‘Cadena perpetua’; como Gerry Conlon, que contó su propia historia en ‘En el nombre del padre’, o como Dixon Steele, el guionista de Hollywood al que dio vida Humphrey Bogart en ‘En un lugar solitario’, la película de Nicholas Ray. Se estará acordando ahora de las peripecias que tuvieron que pasar Ben - Hur o Rubin ‘Huracán’ Carter para demostrar su inocencia porque sabe que está metido en una maraña burocrática y jurídica de la que sólo espera salir lo más aseado posible. Quizá firmara ahora mismo que sólo fuera castigado con un par de partidos.
Fernández Romo habló con criterio sobre su caso una vez acabado el partido. No es de los que defiende la inocencia de sus hombres a fuego ante un hecho similar, sino que incluso les echa en cara haber dado pie a que el árbitro pudiera expulsarles. Así habló de la roja que vio en su día Jorge Pombo o de la del pasado domingo de Juergen. Éste apareció nada más entrar en el calabozo para pedir disculpas por si alguien se había podido sentir molesto con sus aplausos a la vez que aclaraba que en ningún momento tuvo intención de provocar a la hinchada local. «Soy responsable de mis actos y no de los que otros interpreten», apuntó. Su entrenador no está del todo de acuerdo. Éste no sabe qué pasaba en ese momento por la cabeza de su futbolista pero lo que le achaca es haber hecho algo que permitiera a quien manda tener una mala interpretación.
Sólo él sabe qué quería hacer aplaudiendo a la grada general. Eso lo hace todo más interesante porque las mejores películas de teórico ‘falso culpable’ son las que en todo momento se mantiene una incógnita sobre si el protagonista hizo de verdad aquello de lo que le acusan o no. El maestro Hitchcock utiliza mucho ese doble juego en ‘Sospecha’ y hay momentos de la película en los que, como espectador, apostarías a que Cary Grant es inocente pero, diez minutos después, quizá te veas con la certeza de que es culpable.
En ‘Testigo de cargo’, Billy Wilder también
juega con la ambigüedad haciendo que sea el público quien acompañe al abogado
hasta convertirle en juez y testigo. El espectador descubre el engaño al mismo
tiempo que es engañado. La sensación que se genera es muy poderosa, como el cúmulo
de dudas que le asaltan a uno cuando ve ‘Anatomía de un asesinato’, de
Otto Preminger. El personaje de Lee Remick es capaz de engatusar incluso a
quien está al otro lado de la pantalla, por lo que uno entiende las reacciones
de James Stewart, ese abogado que ya sólo pensaba en pescar hasta que se ve
metido en un caso extraño y enfermizo. Toca saber si el asesinado violó o no a
la mujer del acusado porque las consecuencias de lo sucedido cambiarían mucho.
Y no es fácil, la película lo pone complicado. 
Anatomía de un asesinato.
Más aún remueve las entrañas del público ‘La caza’, de Thomas Vinterberg. Cuenta la historia de un maestro a quien una niña acusa de haber abusado de ella. Con la distancia, uno está seguro de que es inocente pero todo el enfermizo y acusatorio ambiente que rodea al protagonista, a quien le toca vivir señalado, genera dudas en el espectador. Incluso hay una última escena, cuando todo ha quedado ya aclarado, en la que el director consigue generarte de nuevo dudas sobre la naturaleza del personaje. Hace que lo pases verdaderamente mal. Como con lo sucedido en el Ciutat de Valencia. Es difícil saber qué pasaba por la cabeza del jugador, saber si es culpable o inocente, si quería provocar o no.
En el caso de Juergen, el árbitro bien podía haberlo pasado por alto, dejar que todo se desarrollara en cuestión de veinte segundos, retomar el juego y volver a centrar todas las miradas en el balón, pero cuando uno se cruza con la policía no sabe por dónde pueden ir los tiros. Es posible que te pidan el DNI, que no lo tengas y acabes declarando en comisaría o que simplemente te den la oportunidad de ir a casa a por él, que valga el carné de la biblioteca o te permita ver si tienes alguna foto hecha en el móvil. El colegiado quiso ser puntilloso, se puso firme y hostil e incluso redactó un texto en el acta que le acusaba de todo. Es probable, por lo tanto, que al colombiano le toque pasarse un tiempo en prisión por un crimen que él considera que no ha cometido.
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