De actor secundario a principal

A veces sucede que el gran reclamo de una película es un actor o una actriz que tarda prácticamente una hora en aparecer. Se hace de rogar y, aunque se hable de él, condicione todo lo que está sucediendo y, a la larga, pueda ser incluso el personaje más importante de la historia, se mantiene oculto. Se juega con el misterio que acaba rodeando su enigmática figura para que al espectador le entren ganas de verle por fin, de saber cómo es, cómo actúa y cómo ha llegado a ser quien es. Llegar hasta él se puede llegar a convertir en un proceso que cambia para siempre a quien lo emprende. 

Richard Harris, en 'Sin Perdón'.
Hay otras veces en las que ese personaje teóricamente secundario no es tan importante en la trama pero, a la larga, se acaba convirtiendo en el centro de atención. Puede ser por el poder de atracción que tiene de por sí gracias al guión o por una recordada actuación del actor o de la actriz que le da vida. Éstos acuden al primer día de ensayo con un papel con pocas líneas pero se los acaban comiendo a todos. Sucedió, por ejemplo, con Richard Harris en ‘Sin Perdón’ tras el tremendo duelo que mantiene con el personaje de Gene Hackman o incluso con Rupert Everett en ‘La boda de mi mejor amigo’. Nadie se acuerda de quién se casaba con Julia Roberts pero todo el mundo se acuerda de él. Toca adivinar ahora qué clase de actor secundario es Álvaro Mantilla, un futbolista que Fernández Romo mantenía guardado en el cajón. Como el curso pasado, inició la pretemporada recién operado del hombro y, por lo tanto, con la necesidad de recorrer un camino propio. Durante buena parte del verano se ha ejercitado en solitario y no le dieron el alta para comenzar a hacerlo con todos hasta pocos días antes del inicio liguero. Obviamente, le faltaba ritmo, pero al entrenador no le urgía tenerle listo. A otros que llegaron más tarde sí les ha puesto a jugar cuanto antes a pesar de no estar aún en forma pero el camargués se ha tenido que buscar la vida y esperar su momento. Y éste llegó en Gijón. Ahí cambió la historia. Apareció en el once y se comió a las estrellas del reparto. 

El defensor de Maliaño no había jugado ni un solo partido ni en pretemporada ni en temporada. No salía al escenario desde mayo. Y lo hizo el domingo para completar noventa minutos, para defender a Queipo, uno de los tipos más peligrosos del Sporting, y actuar a gran nivel, dando la asistencia del primer gol de la temporada y sacando un balón bajo palos. Apareció tarde pero amenaza con convertirse no sólo en un actor secundario que con su actuación ensombrece la del artista principal, sino también a ser el vértice principal del relato, como Orson Welles en ‘El tercer hombre’, Marlon Brando en ‘Apocalypse Now’ o Max Von Sydow en ‘El exorcista’. 

Orson Welles es 'El tercer hombre'.


Welles era el gran reclamo de la película de Carol Reed que escribió Grham Greene. Durante la primera parte de la película, su personaje está tan ausente que todo el mundo lo da por muerto. Hasta le han enterrado. Sin embargo, aparece por fin en los últimos minutos de la película y lo hace con una presentación brillante, surgiendo su rostro de la oscuridad por culpa de una señora que ha encendido la luz de la habitación. Ahí estaba la estrella. Si su personaje, llamado Harry Lime, había movido toda la acción hasta ese momento, más aún lo hará a partir de esa privilegiada escena que ha quedado para la historia del cine. 

Marlon Brando, en 'Apocalypse Now'.

Recordada es también la actuación de Marlon Brando haciendo del teniente Kurtz en Apocalypse Now, la milagrosa película de Francis Ford Coppola. Al contrario que ‘El tercer hombre’, dura mucho y la estrella, el tiburón al que todo el mundo quería ver, no sale hasta el último rollo, que dirían los clásicos. Él ha sido lo que ha movido toda la historia y el que ha provocado esa ‘road movie’ río arriba, esa auténtica bajada a los infiernos provocada por las miserias de la guerra del Vietnam. Como Welles en la cinta de Carol Reed, Brando aparecía destacado en el cartel promocional, pero apenas sale en la película. Tarda en hacerlo y, tras un par de intensos monólogos teóricamente improvisados, desaparece. 
 

El padre Merrin al que da vida Von Sydow en ‘El Exorcista’, la seminal película de William Friedkin, es quien aparece, de espaldas y maletín en mano, en la imagen más icónica de la obra. Se le recuerda mucho más que al padre Karras por mucho que fuera éste quien llevara el gran peso del relato. La presencia y la actuación del veterano actor sueco lo devora todo. Y la espera mereció la pena. Como la de Mantilla, que fue el tercero de la lista pero que, a partir de ahora, va a hacer complicado que le vuelvan a dejar en el cajón de manera gratuita. 
 
Max Von Sydow, el padre Merrin en 'El exorcista'.

Antes que Mantilla habían ocupado el lateral derecho Unai Medina y Dani Fernández. El primero estaba lesionado y el segundo había jugado en Tenerife. No lo hizo en Gijón porque Fernández Romo quiso ver un equipo diferente al que había visto en territorio canario. Y por eso apareció con cuatro centrales en defensa, dos de ellos ya reconvertidos en laterales. No pasaron apenas de medio campo porque no debían perder la posición para tener bajo control a dos extremos que quedaron totalmente anulados. A Satrústegui le tocó Juan Otero, que terminó desquiciado, y al cántabro el joven Queipo. Fue un duelo tremendo entre dos jóvenes canteranos de sus respectivos equipos. La diferencia fue que Abelardo se la está jugando con el suyo, a quien ha dado confianza y continuidad, mientras que al entrenador del Racing le cuesta mucho más dar ese paso. Buen ejemplo de ello es Marco Camus, un hombre que juega en la posición de Queipo. Es realmente complicado explicarse por qué no juega más e incluso por qué no lo hace de inicio. Cuando lo ha hecho, como si lo ordenara su enemigo, ha sido para posicionarse en banda derecha. El extremo santanderino ha sido varias veces Richard Harris o Rupert Everett. Aparece y se convierte en la estrella de la película, pero cuando acaba la función vuelve de nuevo a la oscuridad. No le dan continuidad para ser Marlon Brando u Orson Welles porque ya estaba en casa, no fue nadie venido de lejos a quien haya que mimar. Se le da por mimado. 
Álvaro Mantilla.

Tanto a Camus como a Mantilla les gustaría, en el fondo, tener la posibilidad de convertirse en el mandaloriano de Star Wars, que le arrebata todo el protagonismo a Boba Fett en su propio terreno. Le roba su propia historia, a la que incluso da título, en los tres últimos episodios para pasar a convertirse en el protagonista principal. De secundario, a estrella. Sin complejos. A los canteranos, por tanto, les toca ahora arrebatar lo que parece que no les quieren dar y, si siguen así, camino irán de conseguirlo.

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