El pobre con padrino
La historia del Girona esta temporada bien podría haber sido una historia de superación, de rebelión ante el orden establecido y la dictadura del capital; la de un equipo hecho a sí mismo, la última esperanza blanca de los que creen en la meritocracia. Su proyecto podría haber sido como esas películas de bajo presupuesto que acaban siendo un pelotazo y recaudando millones. Su nombre aparece a la cola de la lista que detalla el límite salarial que tuvieron los clubes de Segunda División en el curso recién terminado pero se ha salido con la suya dejando cadáveres por el camino. Es el relato de la victoria del fútbol sobre el dinero, pero lo suyo tiene letra pequeña. No es tan romántico como parece.
La última vez que el Racing estuvo en Segunda División, el Girona acababa de bajar de Primera y era el rey de la baraja. Tenía 27 millones para construir su plantilla cuando el club cántabro apenas disponía de tres y medio. David contra Goliat. Con el dinero que costaba Stuani se podía pagar prácticamente a toda una plantilla. Sin embargo, la entidad catalana no aprovechó su riqueza y se convirtió en un proyecto fracasado que ni siquiera cubrió gastos en taquilla. El suyo no fue el primer caso.

Waterworld.
‘La caída del Imperio Romano’ fue una gran super producción hecha en 1964 para ganar
todo el dinero del mundo. Invirtieron 18,4 millones pero recaudó 4,8. ‘La
puerta del Cielo’, un megaproyecto que arruinó a Michel Cimino en todos los
sentidos, costó 44 millones y sólo metió en la caja 3,5. Nadie sabe explicar,
por ejemplo, por qué ‘Los piratas del Caribe’ fue un tremendo éxito y,
en esa misma época, ‘La isla de las cabezas cortadas’ no fue a verla
casi nadie, ya que se gastaron en hacerla 98 millones para recaudar 18,3. A
esta lista, que podría ser muy larga, se puede sumar el caso de ‘Waterworld’
o el de ‘El mensajero’. Hubo un tiempo en el que era mejor no contar
con Kevin Costner.
El Girona también se iba a haber comido el mundo hace un par de temporadas pero fracasó. Como el pasado año. Y, de pronto, con vistas al presente curso, se encontró con que La Liga le imponía un límite salarial de 3,9 millones. Se vio en la misma situación que el Racing un par de temporadas atrás. De conducir un camión pasó a estar al volante de un pequeño coche urbano que no ha tocado una autopista en su vida. Sin embargo, ha sido ahora cuando ha triunfado. Y lo ha hecho dejando en la cuneta en la primera ronda del playoff al gigante del momento, que era el Éibar con 30 millones de techo de gasto. Eso daba para película.

El mariachi.
Ha dado la impresión de que el Girona ha sido como esas
pequeñas películas realizadas con cuatro duros y que, en principio, sólo
aspiran a ser exhibidas casi a escondidas y en circuitos muy limitados. Sin
embargo, sin que nadie sepa muy bien por qué, comienzan a crecer y a perder su
propio control. El caso más paradigmático quizá sea el de ‘El Mariachi’,
la primera película de Robert Rodríguez. Se hizo con cuatro duros. Casi de
manera literal. En concreto, costó 7.000 dólares y recaudó dos millones. Eso es
como ganar al Eibar con un presupuesto diez veces menor.
La falta de presupuesto se sortea con ingenio y quien después sería el director de ‘Desperado’, que parece una actualización con más dinero de su ópera prima, ‘Sin City’, ‘The faculty’ o ‘Abierto hasta el amanecer’, recurrió, por ejemplo, a una silla de ruedas para realizar el único travelling de la película o a condones rellenos de líquido rojo para simular impactos de bala. Hay que hacer las cosas muy bien y ser más listo que los demás cuando partes con peores cartas.
Otras películas como ‘Paranormal Activity’ o ‘El proyecto de la Bruja de Blair’ jugaban con sus propias limitaciones simulando que sus imágenes procedían de cintas caseras. Y también acabaron moviendo un dinero inesperado desbancando en taquilla a grandes súper producciones con presupuestos detrás con muchos dígitos. ‘Once’, la película del siempre interesante John Carney, que luego haría ‘Begin again’ y ‘Sing street’, fue también un tremendo éxito a pesar de su patente austeridad de medios. Simplemente tenía una buena historia y unas mejores canciones y sacó máximo partido de ello.
Pelotazos increíbles e inesperados hechos con cuatro duros fueron también ‘Halloween’, ‘Easy Rider’, ‘La noche de los muertos vivientes’ o ‘Garganta profunda’. En el fondo, lo hecho por el Girona parecería una historia de superación del más pequeño que se va a haciendo hueco hasta llegar a un lugar que, en principio, no le pertenece por origen social. Dos de los tipos más inteligentes del Hollywood actual, como son David Ficher y Aaron Sorkin, dieron su visión particular sobre las figuras de Mark Zuckerberg en ‘La red social’ y de Steve Jobs en la película con su mismo nombre, respectivamente, en las que no todo estaba pintado de color de rosa. Porque a veces hay que meter el codo para pasar.

Stuani.
Quienes lo cuentan bien son Scorsese en ‘El lobo de
Wall Street’ u Oliver Stone en ‘Wall Street’. No hay moral cuando
se mueve el dinero. Y en el mundo de la mafia lo conocen bien. Para progresar
hay que tragarse los escrúpulos y es así como vemos el crecimiento de un inmigrante
sin papeles como Tony Montana hasta convertirse en el dueño del cotarro en ‘Scarface’,
de Brian de Palma. Esa pelea desde lo más profundo para abrirse paso en la
jungla suele estar apadrinada por alguien más grande y el Girona lo tiene. Detrás
de él están los mismos propietarios del Manchester City. Eso ha hecho que ese
límite salarial de menos de cuatro millones sea en verdad tramposo. Algo olía
a podrido cuando mantenía en la plantilla a jugadores inalcanzables para
cifras así como Stuani, Borja García, Sylla, Samu Sáiz o Yoel Bárcenas. Un
padrino debía haber detrás para protagonizar semejante rebelión.
El Girona fue de los clubes que aprovechó la puerta que abrió La Liga para superar el margen salarial inicialmente establecido. La excusa se fijó en el daño que había hecho a las arcas de los clubes la pandemia en forma de menos venta de abonos, entradas y publicidad. Quien decidiera acogerse a esta posibilidad y superara el techo de gasto fijado, debía poner el dinero la temporada siguiente, pero el club catalán no tuvo miedo porque detrás tenía a unos máximos accionistas que cubrieron una ampliación de capital de veinte millones. Y punto. De este modo, el verdadero límite del equipo rojiblanco no estuvo, ni mucho menos, entre los más bajos, sino entre los siete u ocho mejores. Es así como se acaba con todo el romanticismo de la historia. Ni siquiera eso le ceden al defensor de las causas perdidas. En el fondo, todo está en Groucho Marx: «Hay tantas cosas más importantes que el dinero... ¡Pero cuestan tanto!».
El Racing pudo llegar casi hasta los cinco millones hace dos temporadas gracias a otra ampliación de capital mucho más humilde. Con vistas a su nuevo intento en Segunda, incluso aspira a llegar a los diez gracias a la venta de Pablo Torre. No tiene por ahora dinero procedente de desiertos remotos ni montañas lejanas, sino que se lo ha tenido que fabricar en casa. Ha disfrutado de su perla apenas dos temporadas y a la mínima se la han arrebatado. Lo ha hecho alguien con dinero y el entorno acepta que su jugador se marche. El capital acaba con todo y más aún con el romanticismo.
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