El fundido a negro del villano
La elección del punto de vista, entre otros recursos narrativos, puede conseguir que el espectador simpatice con el malo. Si uno se deja llevar por el poder manipulador que tiene el arte del cine no querrá que la pareja de entrometidos que forman la hermana y el novio de la mujer asesinada en la ducha de Psicosis descubra a Norman Bates ni que a Hitler le salgan mal las cosas en ‘El Hundimiento’. Lo que sucede es que los dos acaban perdiendo porque, aunque cada vez haya más excepciones, lo habitual es que gane el bueno.

Los Soprano.
Durante varias décadas estuvo directamente prohibido
que el mal venciera al bien en la gran pantalla. No se podía trasladar al
público que actuar contra la ley pudiera merecer la pena, sino que, por muy
romántica que fuera la aventura, ir contra el sistema, ser Bonnie and Clyde,
Jesse James o Billy el Niño, termina con un fundido en negro. Más aún si el
bellaco ni siquiera tenía aristas ni motivaciones y era malo porque sí, que es
como fueron los primeros villanos.
Estos últimos vestían de negro, tenían una risa de la que no te podías fiar, realizaban gestos estrambóticos y eran acompañados por una música que dejaba a las claras que ese era el malo aunque todavía no supiéramos nada de él. Este perfil fue evolucionando con el tiempo y al personaje se le fue dando un pasado y se le humanizó de tal manera que, aunque el espectador no simpatizara con él, sí podía llegar a entenderle.
El racinguista comprende al Deportivo y las urgencias que lleva detrás porque su realidad es similar. Como el suyo, es un club con historia y con una gran masa social detrás que, para colmo, cuenta con el mayor presupuesto de toda la categoría. Ascender era una obligación y por eso no lo fió todo a lo futbolístico, sino también a las hábiles maniobras de los despachos. Así, encontró las alianzas adecuadas con los organizadores del circo para llegar al playoff con ventaja: se lo jugaría todo en su propio campo y con su gente. Y lo mejor de todo es que todo sería legal. Transmitió así la sensación de ser quien maneja los hilos o de estar tan por encima de los demás que puede comprar voluntades. Y así es normal que cayera antipático por mucho que el tipo de cine que contaría una historia como la suya suela tener simpatía por el malechor.
Quizá fue en ‘El Padrino’ la primera vez que sucedió. La mafia actúa contra la ley pero no lo hace por ninguna causa justa o romántica. Tampoco para acabar con el sistema, sino que incluso se aprovecha de él, pero el espectador quiere que a Michael Corleone le salgan bien las cosas y entiende que mate a su mediocre y humano hermano Fredo, al que da vida John Cazale. Más allá fue incluso ‘Los Soprano’, donde uno empatizaba con el protagonista aunque el autor, para que recordáramos que, en el fondo, se trataba de un ser violento capaz de cosas horribles, de vez en cuando nos mostrara al monstruo que llevaba dentro. Y, aunque uno nunca dejaba de simpatizar con él y de querer que fuera feliz, el final fue otro fundido a negro similar al que, en el fondo, sufrió el Deportivo el pasado sábado. El Racing lo mira desde la distancia, desde la azotea del éxito, y valora así aún más haber escapado de la trampa en la que la Federación de Luis Rubiales, la gran familia, convirtió los playoff de ascenso.
Al Albacete, como al Amorebieta la temporada pasada, le metieron en una trampa el pasado sábado. Debía jugar una final en el campo del rival, a quien incluso le valía el empate tras la prórroga, por lo que parecía un cerdo camino del matadero. La Española se había aprovechado de la pandemia para dar continuidad a un sistema por el que cobra dinero de las instituciones por llevar a su tierra todo el circo. Con las medidas de seguridad exigidas por el Covid y cuando no se permitían aficionados en las gradas, ese cambio que acabó con el playoff tradicional pudo tener un sentido para organizar en uno o dos estadios todo lo necesario para que los profesionales estuvieran bien protegidos, pero dar continuidad a algo que, desde el punto de vista puramente futbolístico y de interés de los clubes, no tiene nada positivo, sólo invita a colocar a su ideólogo de parte del mal. La Federación pasó a ser el Imperio del emperador Palpatine de ‘Star Wars’.
Antes de caer en el lado oscuro para convertirse en uno de los mejores villanos de la historia, Darth Vader fue aprendiz de jedi. Es decir, que fue futbolista y, ya retirado, incluso defensor de los supuestos intereses del gremio. Entonces, el mal lo encarnaba Ángel María Villar, que, como tantos otros presidentes de federación, llevaba décadas en la poltrona. Pero su tiempo acabó y con Luis Rubiales parecía que todo iba a cambiar, pero ahora está acusado de asuntos tan turbios que pueden convertir a aquel en un aficionado. De senador a emperador, de Darth Sidious a Palpatine.

Keyser Söze.
Precisamente, tanto Darth Vader como Palpatine
protagonizan una de las películas más famosas en las que ganan los malos, como
es ‘El Imperio contraataca’. Entonces era extraño, pero cada vez hay
más. Lo que sucede es que hace falta un villano de categoría y de extrema inteligencia
para hacer algo así. Curiosamente, a dos de los casos más paradigmáticos los
da vida Kevin Spacey, ya que él es Keyser Söze en ‘Sospechosos habituales’ y
John Doe, el que diseña y ejecuta el plan perfecto en ‘Seven’. También
todo parecía planeado a la perfección por el Deportivo, que, al igual que el
Badajoz el curso pasado, lo tuvo todo a su favor. La Federación había acordado
con la Xunta y con los ayuntamientos de A Coruña, Vigo y Ferrol llevar el playoff
para allí para que el Deportivo, el Celta B y el Racing ferrolano jugaran con
ventaja a cambio de una secreta cantidad de dinero, pero todo les ha salido
mal.
Primero cayó el filial celeste, que ni siquiera se clasificó para la fase de ascenso. Después el Racing de Ferrol perdió el control del aparato cuando su rival en la primera eliminatoria, el Nástic de Tarragona, pidió 1.500 entradas por mucho que supiera que sus aficionados no se podían permitir cruzar la península de este a oeste para estar con su equipo. Se las regaló al valiente que quisiera hacerlo pero el objetivo era alejar el partido de A Malata, lo cual logró, ya que se jugó en Balaídos gracias a esa artimaña. Y cayeron los ferrolanos. A Galicia ya sólo le quedaba la bala del Deportivo el pasado fin de semana, que parecía infalible.

Los jugadores del Dépor lloran la derrota.
Primero pasó por encima del Linares, que jugó contra
el equipo de Borja Jiménez y más de 20.000 espectadores. Ni mucho menos se jugó
en igualdad de condiciones, sino que fue una encerrona que generó antipatía
para cualquier espectador neutral, ya que el fútbol no es cine y no puedes
manipular el punto de vista. Es más, tiende a caer de parte del débil. Y el
débil el pasado sábado era el Albacete, que iba perdiendo en el minuto 82, que
forzó primero una prórroga en la que debía marcar para ascender mientra que a
su rival le valía con aguantar el resultado. Y el equipo manchego marcó. Ganó
1-2 porque, en el fondo, lo habitual es que ganen los buenos. Es cierto que el
cine ha contado grandes historias sobre la mafia pero lo habitual, como sucede
en ‘Scarface’, es que sea para narrar un relato de auge y caída. El
Racing, por suerte, se construyó su propio relato, fue dueño de su destino y
no tuvo que llamar a la puerta de quien controla los barrios, las basuras o
los negocios de alcohol y drogas.
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